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Raqueros del Jazz: RAVEL’S DREAMS

septiembre 17 @ 21:30 - 23:00

El versátil pianista de jazz, improvisador y compositor Marco Mezquida nos propone unirnos en un viaje onírico por el imaginario musical y personal de Maurice Ravel; un sueño a través de la modernidad de su legado y el eclecticismo de las músicas que le sedujeron: del clasicismo francés a los virtuosos románticos; de la experimentación con la música popular a la influencia de sus contemporáneos y la efervescencia del jazz. Junto al percusionista Aleix Tobías y el cellista Martín Meléndez, Marco Mezquida ofrece una recreación personal y única de la música del genial Ravel: la impregna de groove, la expande a través de la improvisación y le insufla texturas de la música contemporánea.

Estrenado el 20 de febrero de 2016 en L’Auditori de Barcelona, el proyecto fue recibido con una entusiasta acogida por parte de crítica y público, y cautivó tanto a audiencias aficionadas al jazz como a la clásica.

El disco Los sueños de Ravel (Ravel’sdreams) fue grabado en septiembre de 2017. Fue lanzado y presentado en directo el 16 de noviembre de 2017 en L’Auditori de Barcelona, como uno de los cinco conciertos incluidos en el Retrato de artista que el 49º VollDamm Festival Internacional de Jazz de Barcelona dedicó a Marco Mezquida. Desde entonces, el proyecto ha sido presentado en reconocidos escenarios de todo el mundo, como el Hong Kong Arts Festival, Jazzaldia, Teatro Nacional de Sarajevo, Rabobank Jazz Amersfoort, Lille Piano(s) Festival, Rocher de Palmer (Burdeos), entre otros.

 

¿Qué soñaba Ravel? ¿Qué imágenes, qué historias circulaban por esa mente fuera de lo común? O tal vez, antes que nada: ¿soñaba, Ravel? No lo sabemos. De Maurice Ravel sabemos, de hecho, poquísimo. Conocemos bien su vida material; sabemos dónde y cómo vivió.Pero su mundo interior sigue siendo un enigma, ochenta años después de aquella lenta agonía que lo llevó a la muerte, cuando una afasia convirtió su cerebro en una jaula donde notas, ritmos y armonías flotaban sin cruzarse y sin encontrar la manera de acabar en un papel o en una cualquier otra forma de expresión.

Aquel aterrador final fue el desenlace de una existencia toda ella sorprendente. Toda su persona era un enigma insondable, incluso para quienes lo trataron directamente. No se le conoce un amor, una amistad profunda, y menos todavía una verdadera pasión, a excepción de la que lo ligaba a su escalofriante colección de objetos mecánicos, autómatas y pájaros de hojalata a cuyo cuidado se entregaba con paciencia y dedicación. Con esa misma meticulosidad se volcaba en la redacción de sus partituras: partituras escritas con la precisión de un relojero y la sabiduría de un alquimista. Ravel era precisamente eso: un alquimista del sonido, una artista que combinaba timbres como quien extrae de sus alambiques destilados sorprendentes. Pero de su laboratorio Ravel no rescataba sólo antiguos saberes; ajeno al tiempo mítico y sentimental del romanticismo, combinaba timbres, intensidades y duraciones de cada sonido inspirado —como él mismo afirmó— por el mundo que le rodeaba, un mundo de máquinas y motores, rápido y vibrante.

Su fascinación por el jazz creció año tras año y culminó en una larga y esperada gira por Estados Unidos y Canadá en 1928. Visitó entonces Nueva York, Chicago, Nueva Orleans yotras ciudades míticas para cualquier amante del jazz, y también Boston, Detroit, Cleveland, Seattle, San Francisco, Los Angeles, Phoenix, Houston, Minneapolis, Toronto y Montreal. Tocó y dio conferencias; escuchó a Duke Ellington en el Cotton Club, vio en escena a Fred Astaire en el AlvinTheater y trató en persona con George Gershwin, con quién fue varias veces a escuchar jazz a Harlem, en el recién estrenado y ya legendario Savoy.

Vivió el jazz de un modo muy distinto de como lo hicieron tantos compositores clásicos de su generación. Aquella batería que horrorizaba a otros cautivó a Ravel, y también lo hicieron los glissandi de los metales —que inmediatamente incorporó a su Bolero— o el uso casi percutido del pizzicato en el contrabajo, tan alejado de la tradición erudita.

En América Ravel fue acogido como una celebridad y, en cuanto tal, firmó autógrafos.No es un detalle irrelevante: la firma de Ravel es un universo, merecedor de un capítulo aparte en la historia de la grafología. Siempre idéntica, con las letras cuidadosamente separadas unas de otras, como si su cerebro trabajara combinando una a una esas células elementales. Es la misma impresión que dan los manuscritos de sus obras, cuyas notas, tan maravillosamente organizadas,parecen desplegarse separadas entre sí, a la espera de que el intérprete rellene esos huecos y las conduzca hasta un mundo sensible hecho de carne y sensaciones.

De ese universo en potencia Marco Mezquida ha rediseñado el mapa. Él y los músicos que comparten con él este nuevo proyecto hilvanan esas notas siguiendo trayectorias alternativas a aquéllas que ha seguido la música clásica: trayectorias que triangulan con lenguajes diversos, cruzando de un extremo a otro esa historia del jazz de la que Ravel pudo conocer en primera persona una etapa extraordinaria.

No sabemos qué soñaba Ravel, y menos todavía si imaginó a dónde el jazz hubiera llegado algún día. Pero sí sabemos que Ravel supo escribir música capaz de hacer posible un disco como éste. Un disco que se te instala en la imaginación y no la abandona, llenándote el día y la noche, la vigilia y el sueño, de sueños maravillosos.

“Todo el placer de la existencia consiste en perseguir la perfección cada vez un poco más de cerca, en reproducir un poco mejor el estremecimiento secreto de la vida” (Maurice Ravel, 1931).

“All of life’s pleasure consists of getting a little closer to perfection, and expressing life’s mysterious thrill a little better.” (Maurice Ravel, 1931)

 

Hora: 21:30h

Entrada: 5€

 

Detalles

Fecha:
septiembre 17
Hora:
21:30 - 23:00
Categoría del Evento:
Evento etiquetas:

Organizador

Rvbicón

Lugar

Rvbicón
C/ del Sol nº 4
Santander, España
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